Infiltración de sangre autóloga

Infiltración de Sangre Autóloga Atm

Infiltración de sangre autóloga, una opción real para el tratamiento de la dislocación recurrente crónica de la articulación temporomandibular.

Objetivo: La infiltración de sangre autóloga en el espacio superior de la articulación temporomandibular (ATM) es una técnica descrita desde 1964; a pesar de ser segura, rápida y mínimamente invasiva, no ha sido una opción común para el tratamiento de la dislocación temporomandibular recurrente. El objetivo de este reporte es describir nuestra experiencia con este procedimiento. Pacientes y métodos: Se diagnosticaron 10 pacientes con dislocación recurrente crónica de la ATM basándonos en los criterios de Nitzan; se les infiltró sangre autóloga seguida de fijación intermaxilar. Resultados: Nueve pacientes obtuvieron resultados satisfactorios y no requirieron un procedimiento quirúrgico abierto. Conclusión: La inyección de sangre autóloga a la articulación temporomandibular permite la limitación del movimiento articular y evita la dislocación recurrente. Es una alternativa de tratamiento segura, de bajo costo y efectiva.

Infiltración de sangre autóloga

Este estudio fue aprobado y avalado por el Comité de Ética del Hospital Regional «1o de Octubre», ISSSTE. Diez pacientes del Servicio de Cirugía Maxilofacial del Hospital Regional «1o de Octubre», en el periodo de un año (2008-2009), fueron diagnosticados con dislocación temporomandibular recurrente crónica con base en el criterio clínico y radiográfico de Nitzan. Se evaluaron siete mujeres y tres hombres, con un promedio de edad de 43.3 años (rango: 22 a 59 años). El examen inicial consistió en palpación de la articulación temporomandibular durante la apertura y el cierre, medición de la máxima apertura oral (MAO) y tomografía lineal de la articulación temporomandibular con boca abierta y cerrada. La duración de los síntomas fue de 14. 6 meses (rango: de 6 meses a 3 años), el número de dislocaciones fue de una a siete veces por semana y todos los pacientes requerían asistencia profesional para reducir la dislocación. La máxima apertura oral fue medida entre los bordes incisales maxilares y mandibulares; el promedio fue de 41.6 mm (rango: 37 a 50 mm). Después de establecer los diagnósticos, el siguiente paso fue la colocación de aditamentos de fijación intermaxilar. Utilizamos botones ortodónticos en los caninos y segundos premolares superiores e inferiores. La infiltración de sangre autóloga fue administrada a todos los pacientes en el consultorio, previo consentimiento informado de la técnica, posibles riesgos y complicaciones. Después de las técnicas de asepsia y antisepsia, se identificaron los puntos de referencia para artrocentesis; inicialmente, dibujamos la línea a canto-tragal, el promedio del punto de entrada es de 10 a 13 mm anterior al trago y 2 a 3 mm por debajo de la línea.15 La anestesia local se alcanzó mediante la administración de lidocaína en el nervio auriculotemporal. En el punto de entrada insertamos una aguja de calibre 18 y se infiltraron 3 mL de solución de lactato de Ringer; después, se colocó una segunda aguja de calibre 18 en el espacio superior de la articulación para permitir la salida del fluido. Al terminar la artrocentesis, se retiró la segunda aguja. La sangre autóloga fue tomada de la fosa antecubital, se inyectaron 2 mL en el compartimento superior y 1 mL se dejó en el tejido pericapsular. Se repitió el mismo procedimiento del lado opuesto. Después de la infiltración, se removieron las agujas y se colocó la fijación intermaxilar con alambre redondo de 0.045. Se prescribió celecoxib como antiinflamatorio por 10 días. Se dejó la fijación intermaxilar por 14 días y, después de removerla, se indicó una fisioterapia agresiva15 (apertura oral activa y pasiva sin desviación, excursiones laterales y movimientos de protrusión sin desviación, y los mismos movimientos con resistencia). Se programaron citas de control a las dos y cuatro semanas, a los dos, cuatro y seis meses, y al año. Todos los pacientes recibieron una segunda infiltración a la octava semana después de la primera infiltración, y dos de ellos recibieron una tercera infiltración dos meses después.

Infiltración de sangre autóloga

RESULTADOS

Todos los pacientes toleraron adecuadamente la infiltración de sangre autóloga y el postoperatorio sin ninguna complicación como infección o paresia facial. Refirieron sólo ligera molestia, que se controló con antiinflamatorios no esteroideos. Decidimos realizar una segunda infiltración dos meses después para promover la formación de fibrosis; en ese momento, el promedio de la máxima apertura oral fue de 40.7 mm (rango: 36-50 mm). Después de la segunda infiltración, dos pacientes (20%) presentaron recurrencia; decidimos realizar una tercera infiltración a estos dos pacientes, la cual dio resultados positivos en sólo uno de ellos. Siete pacientes (70%) no presentaron recurrencia de la dislocación después de la primera infiltración de sangre autóloga; tres pacientes presentaron dislocación en un tiempo promedio de cuatro semanas posteriores al primer procedimiento, aunque en todos los casos disminuyó la máxima apertura oral y el número de dislocaciones por semana. El promedio postoperatorio de máxima apertura oral fue de 35.8 mm (rango, 35-50 mm). Todos los pacientes estuvieron satisfechos con el tratamiento, siendo la única incomodidad el periodo de fijación intermaxilar, aunque fue bien tolerado. El paciente núm. 1 requirió cirugía abierta de ATM; se le colocó un tope precondilar con injerto de hueso sinfisiario (modificación a la técnica de Norman), y se obtuvieron resultados satisfactorios.

Infiltración de sangre autóloga

CONCLUSIÓN

La infiltración de sangre autóloga en la articulación temporomandibular es una excelente alternativa para la dislocación recurrente: no requiere admisión hospitalaria, puede ser realizada bajo anestesia local y previene las complicaciones comunes del procedimiento quirúrgico, tales como paresia del nervio facial, inflamación, dolor o infección. Por otra parte, la infiltración de sangre autóloga a la ATM restringe los movimientos mandibulares mediante la formación de fibrosis con muy bajo costo, sin las complicaciones relacionadas con la infiltración de agentes esclerosantes. Algunos cirujanos podrán debatir que la presencia de sangre en la cápsula articular y su contacto con el cartílago promoverá cambios en el metabolismo del condrocito y puede causar destrucción cartilaginosa; de cualquier forma, esta situación no se puede evitar en un procedimiento quirúrgico.

Referencias Bibliográficas:

  1. Schulz S. Evaluation of periarticular autotransfusion for therapy of recurrent dislocations of the temporomandibular joint. Dtsch Stomatol. 1973; 23 (2): 94-98.
  2. Daif E. Autologous blood injection as a new treatment modality for chronic recurrent temporomandibular joint dislocation. Oral Surg Oral Med Oral Pathol Oral Radiol Endod. 2010; 109: 31-36.
  3. Machon V, Abramowicz S, Paska J, Dolwick F. Autologous blood injection for the treatment of chronic recurrent temporomandibular joint dislocation. J Oral Maxillofac Surg. 2009; 67: 114-119.

 

Publicado en la revista de la Asociación Mexicana de Cirugía Bucal y Maxilofacial, Colegio. Vol. 10, Núm. 2 • Mayo-Agosto 2014 • pp. 65-70

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